Mónica Gómez García
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Las emociones negativas, ¿son tan malas como creemos o son adaptativas?

26 enero 2018
Las emociones negativas, ¿son tan malas como creemos o son adaptativas?

Tendemos a pensar que experimentar emociones como la tristeza, la ira o el miedo es siempre algo negativo y no nos paramos nunca a valorar si estas emociones nos pueden ser útiles para promover ciertas conductas o ayudarnos a conseguir cambiar otras.

Tenía ganas de escribir un artículo en torno a este tema desde que vi la película “Del revés” (Inside Out, 2015), desde el punto de vista psicológico es un film que me fascina. En ella se explican y visualizan los conflictos interiores de cualquier persona: la protagonista, una niña que posee las 5 emociones básicas de las que salen combinadas el resto (alegría, miedo, asco, ira y tristeza) experimenta una etapa de tristeza que le hace sentirse mal. A lo largo de la película estas emociones se embarcan en una serie de luchas y aventuras que nos demostrarán el valor adaptativo de cada emoción y por qué son igualmente importantes y no hay que rechazar ni reprimir ninguna de ellas.

Una de las razones principales por las que la mayoría de las personas acuden a consulta y que te expresan en la primera sesión es, que sienten ciertas emociones negativas (ansiedad, fobias, tristeza intensa, angustia, celos, ira descontrolada…) que les impiden su funcionamiento diario de forma significativa. Muchas veces ni si quiera la persona te da el nombre de esa emoción, sólo sabe que se siente mal y te da una serie de síntomas que no están dispuestos a soportar por más tiempo.

Como dije en mi primer post, no siempre tienes que estar al límite de tus emociones para comenzar una terapia, pero sí que es cierto que sigue siendo una de las principales causas por las que nos permitimos hoy en día acudir a un psicólogo.

Habitualmente, tendemos a reforzar positivamente el sentir o expresar emociones tales como alegría y se penaliza el sentir emociones negativas, como tristeza, miedo, angustia o ansiedad. Lo que hace que, cada vez que podemos sentir un atisbo o síntoma asociado a estas últimas, aumente nuestro malestar al percibirlas, es más, la mayoría de las veces nos esforzamos en fingir que no las sentimos por miedo a ser juzgados negativamente.

Las emociones tienen tres funciones primordiales: adaptativas, sociales y motivacionales.

Las emociones, tanto las positivas como las negativas, son reacciones psicofisiológicas que todos experimentamos ante determinadas circunstancias, ayudándonos a adaptarnos al entorno.

La expresión de las emociones facilita que podamos interactuar con los demás y favorece el establecimiento de relaciones interpersonales. La represión de las emociones, también tiene una función social, facilita que algunas personas oculten sus emociones y así limiten la intimidad con los demás.

Por último, la relación entre emoción y motivación es muy estrecha, pues la emoción llena de energía la conducta motivada y una conducta dotada de alguna emoción, se realiza de forma más intensa.

 

 

Iremos directos a hablar de las principales emociones negativas que los pacientes identifican como las más perturbadoras y la función de éstas al sentirlas,  como ya sabemos sus efectos negativos, aunque nos creamos que sólo nos hacen daño, vamos a ver algunas de sus funciones productivas:

  • Enfado, ira o rabia: fomenta la focalización de la atención en los obstáculos externos que impiden a la persona conseguir ciertos objetivos e impulsa con energía reacciones de autodefensa o de ataque para solucionar de forma activa la situación problemática. Por ejemplo, defendernos de forma asertiva ante algún ataque o infravaloración, …
  • Ansiedad: nos permite mantenernos en alerta ante situaciones que consideramos amenazantes. Las personas, para funcionar en su día a día necesitan un cierto nivel de activación, dentro de unos niveles normales promueve que mejoremos nuestro rendimiento y adaptación. Por ejemplo, nos ayuda a estudiar ante un examen, prepararnos ante una entrevista de trabajo, nos hace huir de una situación amenazante como un incendio, ….
  • Tristeza: focaliza la atención a nivel interno de las consecuencias negativas de la situación y ocasiona que el individuo se centre en comunicar a los demás que no se encuentra bien, movilizando el apoyo social y otras sensaciones en las personas de alrededor como la empatía. Por ejemplo, es necesario pasar por una fase de tristeza para superar la muerte de un ser querido o una ruptura de pareja, …

Hay evidencias demostradas de que la ira, el miedo, la envidia y otras sensaciones que la gente evita, son tan relevantes como el optimismo para ser feliz.

Cuando no se es capaz de tolerar estas emociones y sobrepasan nuestros propios recursos de afrontamiento, podemos decir que tenemos una baja tolerancia a las emociones negativas, sobre todo a la frustración que genera el no poder dejar de sentirlas.

Por ello, el objetivo de este artículo no es el que penséis que tenemos que ser un poco negativos y que eso no está mal, por supuesto que no, pero sí que seamos conscientes de que, cuando las sentimos, nuestro organismo nos está alertando de que algo no está bien y tenemos que poner en marcha una serie de habilidades que nos permitan lidiar con diversos obstáculos. De aquí sale el famoso término de RESILIENCIA (capacidad para adaptarse positivamente a situaciones adversas), por ello, no reprimas tus emociones, piensa cómo las puedes aprovechar en tu favor.

Existen muchos recursos de afrontamiento para poder manejar y gestionar estas emociones, esto lo veremos en los siguientes artículos de esta categoría, mientras os dejo una reflexión:

 

El llanto, es una de las primeras señales de vida cuando nacemos y, en esas circunstancias es entendido como un signo más que positivo, así que… ¿por qué no le sacamos partido a esas emociones tan molestas e intentamos ver su utilidad?

 

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